El lado bueno de las cosas
Argumento:
Pat ha pasado los últimos ocho meses en una institución mental por agredir al amante de su mujer cuando los encontró a ambos en la bañera de su casa. Ya algo recuperado de su trastorno bipolar vuelve a casa de sus padres decidido a recuperar a su ex-mujer, de la cual tiene una orden de alejamiento. Un día conoce a Tiffani, una joven viuda con problemas psicológicos y mala fama en el barrio. Entre ellos surge rapidamente un vínculo que les ayuda a cada uno con sus respectivos problemas.
Una de las denominadas películas buenrrollistas de los últimos años; que empieza siendo un drama, mostrando las desordenadas vidas de los dos protagonistas, se desarrolla en los encuentros terapeúticos entre ellos en los que ambos van centrándose cada vez más el uno en el otro y obviando sus circunstancias anteriores, y como su título y definición indican acaba con una explosión de alegría y romanticismo que nos recuerda que en la vida todo se puede superar mirando el lado bueno de las cosas.
David O. Russel ha dirigido y escrito el guión (a partir del libro de Matthew Quick). El guión muy bueno a ratos, algunas escenas y diálogos son divertidos, delirantes, inesperados y absolutamente propios de dos locos. La dirección tiene un suficiente raspado debido al abuso de los travellings y movimientos de cámara innecesarios. La fotografía muy correcta y realista.
Con un punto de partida muy interesante, un personaje atormentado y otra no menos problemática, nos vamos sumergiendo en la mente de Pat, obsesionado con impresionar a su ex-mujer y acercarse a ella de nuevo, y cómo su vida y sus propósitos van cambiando al relacionarse con Tiffany. También gracias al apoyo de sus padres, sobre todo su padre que quiere recuperar la tradición de ver el fútbol los domingos con su hijo.
Los actores principales se han quedado bajo la sombra de una maravillosa Jennifer Lawrence, dando lecciones de interpretación a pesar de su juventud.
Bradley Cooper la verdad es que lo hace bien cuando se toma un papel en serio, impresionaba verlo tan contenido en unas escenas, tan desatado en otras, y cambiando su estado de ánimo en cuestión de segundos. Pat ha pasado por una horrible experiencia, que no ha superado en el hospital ya que continúa con su trastorno bipolar, pero vuelve a casa habiendo perdonado a su ex-mujer y deseoso de mostrarle que ha cambiado y que pueden volver a estar juntos; se engaña pensando que le aceptará y durante un tiempo no es capaz de pensar en nada más que en ella y en cómo continuar su vida juntos.
Jennifer Lawrence es una de las mejores actrices de su generación y ganó un Oscar merecido por este papel. Tiffani es una chica joven y viuda, dolorosa combinación que ella no estaba llevando nada bien, buscaba una vía de escape para el dolor acostándose con compañeros de trabajo y amigos; pero cuando conoce a Pat piensa que él, que está pasando también por un infierno personal podría entenderla.
Robert De Niro hace otra vez de si mismo, una fórmula que le funciona bien (el doblador español pone muy nervioso, el actor ha perdido mucho con eso). Es el padre de Pat, un hombre obsesionado con el fútbol americano hasta el punto de que casi cada vez que aparece en pantalla es para decirle a su hijo que vean juntos el partido. Es un ejemplo de ineptitud emocional, no ha sabido construir una relación con sus hijos, teniendo como único punto común la aficción al fútbol, y único momento de encuentro el domingo de partido.
Sacamos la enseñanza: el poder del amor. Un sentimiento de unión que llega a convertirse en amor consigue que dos personas desequilibradas se recuperen de sus heridas, superen los problemas juntos y empiecen a ver un rayo de esperanza.
Recomendable si quieres ver una comedia romática inusual, con dos protagonistas inusuales, y un guión divertido y trabajado.
Lo mejor:
Jennifer Lawrence.
Lo peor:
Movimientos de cámara innecesarios y fastidiosos.
En una escala del 1 al 10 le doy un: 7,5.